“Mentras imos andando”, poema de Celso Emilio interpretado por Javier Prado


18-11-2015

Poema interpretado por Javier Prado no seu disco Malos Tiempos.


Mentras imos andando
O tempo cheira a estación ferroviaria
no arrabaldo do amencer,
cando os trens agallopan xemendo
por túneles de noite
e brilan luces misteriosas
nos bosques profundos
e no perfil confuso das cidades lonxanas.
Mentras imos andando.

O tempo soa a frauta melancólica
de pastor isolado; o birimbao de vento
nas marelas acacias ao cair a tardiña.
Un soar monocorde
que ven baixando a tombos dos curutos,
chega até o val e trócase en paxaro.
Mentras imos andando.

O tempo ten a cór dos prados, pero ás veces
ponse gafas vermellas e reloce,
–esmacelado e fondo, aluarado–
coma un Sahara de augas movedizas,
auga de area, chuvia de area,
sobre mares de area interminábeles.
Mentras imos andando.

O tempo leva grímpolas de berros pendurados
dun aramio de espiño; leva fírgoas de luz;
leva farrapos de esperanzas ergueitas
sobre mastros de soños; e leva as derradeiras
palabras dos soldados descoñecidos
que morreron nas guerras polas patrias inútiles.
Mentras imos andando.

O tempo é unha cousa que está e que esbara
coma cóbrega longa rastrexando
o corazón dos homes, ises vermes
que están tamén e van tamén pasando,
matinando furar un rexo muro de soidades,
pedra de escuros dioses que couta a súa sombra.
Mentras imos andando.

Mentras imos andando o tempo ten un nome,
un alcume de neve que ninguén o pronuncia,
un alcume que esbagoa nos vidros do inverno
e nos segredos xardís de acibos mergullados
.
Mentras imos andando pregunto polos mortos,
pregunto polas córes das froles que amaban,
pregunto polas mornas mañás que gozaron,
pregunto polas ondas do mar. Eu pregunto.
Mentras imos andando.

Longa Noite de Pedra 1962

Mientras vamos andando
El tiempo huele a estación ferroviaria
en el arrabaldo del alba,
cuando los trenes galopan gimiendo
por túneles de noche
y brillan luces misteriosas
en los bosques profundos
y en el perfil confuso de las ciudades lejanas.
Mientras vamos andando.

El tiempo hace sonar la flauta melancólica
de pastro aislado; el birimbao de viento
en las amarillas acacias al caer la tarde.
Un sonar monocorde
que viene bajando a tumbos desde las cumbres,
llega hasta el valle y se transforma en pájaro.
Mientras vamos andando.

El tiempo tiene el color de los prados, pero a veces
se pone gafas rojas y reluce,
-macilento y profundo, bañado por la luna-
como un Sahara de aguas movedizas,
agua de arena, lluvia de arena,
sobre mares de arena interminables.
Mientras vamos andando.

El tiempo lleva estandartes de gritos colgados
de un alambre de espino; lleva grietas de luz;
lleva andrajos de esperanzas erguidas
sobre mástiles de sueños; y lleva las últimas
palabras de los soldados desconocidos
que murieron en las guerras por las patrias inútiles.
Mientras vamos andando.

El tiempo es una cosa que está y que se desliza
como culebra larga rastreando
el corazón de los hombres, esos gusanos
que están también y van también pasando
obstinándose en perforar un recio muro de soledad,
piedra de oscuros dioses que cierra su sombra.
Mientras vamos andando.

Mientras vamos andando el tiempo tiene un nombre,
un apodo de nieve que nadie pronuncia,
un apodo que resbala en los vidrios del invierno
y en los secretos jardines de acebos sumergidos,

Mientras vamos andando pregunto por los muertos,
pregunto por los colores de las flores que amaban,
pregunto por las tibias mañanas que gozaron,
pregunto por las ondas del mar. Pregunto.
Mientras vamos andando.

Longa noite de pedra 1962

 

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